Hay días difíciles.

Hay días difíciles.

Inevitablemente en la vida de cada uno, se darán momentos difíciles que no nos paramos a pensar mientras el viento sopla a nuestro favor.

Hoy mi mañana ha sido una mañana de recuerdos en blanco y negro. Vienen a mi mente aquellos días eternos en los que todo estaba bien: unos padres jóvenes e invencibles, bailes familiares improvisados con risas, caprichos consentidos… todo era estable como una roca.

Cuando tienes el privilegio de pasar la mitad de tu vida a pleno pulmón y con el corazón apenas arañado; el dolor inevitable, ese que amenaza sufrimientos y ausencias de las personas que más amas, te pilla desprevenid@, miras a todas partes en busca de un botiquín de primeros auxilios, pero no ves, todo es borroso; no oyes, todo es sordo; no te mueves, todo es inmóvil.
No sabes cuándo cesará el temblor del suelo sobre el que caminas ni qué vendrá después.

Pero la tarde presagia calma porque las emociones giran y empiezo tomándome un riquísimo café en esta taza de cerámica que tiene una historia muy especial para mí. Es un regalo de una paciente maravillosa, a la que la vida le arrebato a la persona que más amaba y que simbolizó con esta taza el estado de su alma: desportillada.

Y de ella aprendí que hay días difíciles pero hay que mirarlos de frente y esperar a que te traspasen, respirar hondo, dejar que un abrazo sincero temple tu frío y calme tus latidos, que un paisaje te inunde con su belleza, que un libro te haga viajar por rincones que alegren el alma… siempre siempre la vivencia del dolor te regala un mayor aprecio por cada instante de la vida.

Escucho “Guaranteed” de Eddie Vedder, un antídoto contra el dolor que siempre me invita a viajar “Hacia rutas salvajes”

Feliz tarde 💜