Simplezas en Cajitas de Lujo

Hoy voy a hacer una excepción y éste post es un post crítico a pesar de que me había propuesto aportar mi visión y experiencia sin poner en cuestión lo que me rodea pero a veces me resulta complicado mantener esa prudencia y ésta es una de esas veces.

Llevo como unos dos meses encontrándome con artículos que elogian las bondades del pesimismo frente al optimismo, y no puedo por menos que expresar lo que me sugiere tanta publicación absurda que tan flaco favor hace a la Psicología. (Artículos que aparecen en los periódicos de máxima tirada).

En cuanto al tema del optimismo o pesimismo como decía Oscar Wilde: «ambas son puras poses».

Así que no voy a entrar en un debate que no tiene mucho sentido porque obviamente ambas actitudes a la hora de abordar la vida tienen sus pros y sus contras y el problema aparece cuando nos posicionamos en un extremo y no somos capaces de tener en cuenta el otro, a pesar de que nos venden los posicionamientos extremos como un signo de «personalidad».

Lo que me preocupa es que los psicólogos se presten a firmar ese tipo de «descubrimientos científicos».
Me parecen fenomenal los «test» que aparecen en las revistas de entretenimiento y los artículos livianos sobre el tema que a cada cual le venga en gana escribir porque entre otras razones, es la demanda del público la que dirige la temática y el tono de las publicaciones y los profesionales estamos al servicio de las necesidades del cliente, no de nuestros propios gustos, me parece bien siempre y cuando se entienda que ni son científicos ni son pseudo científicos, ni creo que un profesional que se precie de serlo firme algo así.

Y ya aprovecho para expresar una opinión crítica (y como tal, completamente subjetiva) del martilleante «be happy and smile» al que nos someten cada día las redes sociales y que a mi juicio, ha transformado esas perlas de la sabiduría en una tortura china.

Tras el boom que supuso la «ley de la atracción» que explicaba Rhonda Byrne en su libro «El secreto» en el 2006 apoyado por esa física cuántica (que nos suena tan inteligente y nos intimida tanto),con la que nos invitaba a conseguir absolutamente todo, solo con ser optimistas, se ha desatado la fiebre del optimismo, de tal manera que hasta a los más optimistas nos están entrando ganas de dejar de dejar de serlo con tanto bombardeo.

Cuando una idea es buena y bien acogida, la exprimen, la elevan a dimensiones ridículas, la gente la compra, la revende y la desvirtúa hasta el empacho.
Y esa es la pena, que ese empacho nos transforme en unos descreídos y nos prive de las maravillas que obran las dosis justas de todo lo bueno.
Y llegados a ésta psicosis optimista que nos acosa, siempre hay algún listo que ve un filón en vender la idea contraria, volviendo a recurrir, como en todo estudio que se precie, al consabido neurocientífico que lleva como poco, 20 años investigando desde una Universidad lo más anglosajona posible, y que nos suelta eso de que: ahora lo que hay que ser es pesimista si quieres triunfar.

Sé que es complicado hacerse un hueco en este mundo tan competitivo pero no debería valernos todo, el hecho de que ahora ejercer de lo que sea, escribir de lo que sea y ser experto en lo que sea, se consiga en un curso exprés de fin de semana y que lo avalemos con una larga trayectoria inexistente está desprestigiando a profesiones y a profesionales.

Todos tenemos derecho a conseguir un sueño pero dejemos de vender simplezas envueltas en cajitas de lujo.

y dicho esto, que tangáis una bonita tarde de miércoles! 💜💜💜